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“La noche yace muda como un ajusticiado,
Más allá del silencio nuevos silencios crecen,
Cien pupilas recelan las sombras de la sombra,
Velan las bayonetas
y el presidente duerme.
Muchachos ateridos desbrozan la maleza
Para que sea más duro el lecho de la muerte…
En sábanas de hilo, con pijama de seda,
El presidente duerme.
La luna se ha escondido de frío o de vergüenza,
Ya sobre los gatillos los dedos se estremecen,
Una esperanza absurda se aferra a los teléfonos
Y el presidente duerme.
El llanto se desata frente a las altas botas:
-Calle, mujer, no sea que el llanto lo despierte.
-Sólo vengo a pedirle la vida de mi esposo…
Plaza_de_Mayo_23_09_55_2.jpg -El presidente duerme.
Reflectores desgarran el seno de la noche,
El terraplén se apresta a sostener la muerte,
El Pueblo se desvela de angustia y de impotencia
Y el presidente duerme.
De cara hacia la noche sin límites del campo,
Las manos a la espalda se yerguen los valientes,
Los laureles se asombran en las selvas lejanas
Y el presidente duerme.
Tras de las bocas mudas laten hondos clamores.
-¡Cumplan con su deber y que ninguno tiemble!
rojasaramburu_1.jpg¡De frío ni de miedo!… En una alcoba tibia
El presidente duerme.
-¡Viva la Patria!, y luego los dedos temblorosos,
Un sargento que llora, soldados que obedecen,
Veinticuatro balazos horadando el silencio
Y el presidente duerme.
Acres rosas de sangre florecen en los pechos,
El rocío mitiga las heridas aleves,
Seis hombres caen de bruces sobre la tierra helada
Y el presidente duerme.
¡Silencio! ¡Que ninguno levante una protesta!
¡Que cese todo el llanto! ¡Que nadie se lamente!
Un silencio compacto se adueña de la noche
Y el presidente duerme.
¡Oh, callan, callan todos! Callan los camaradas.
Callan los estadistas, los prelados, los jueces…
El pueblo yace mudo como un ajusticiado
Pero bajo el silencio nuevos rencores crecen,
Hay ojos desvelados que acechan en la sombra.
Y el presidente duerme.”
EL PRESIDENTE DUERME, Poesía de José Gobello, Prisión Nacional, junio de 1956
Esta poesía relata el pedido realizado desde el portón de la quinta presidencial de Olivos por Susana Ibazeta, esposa del Coronel Ricardo Santiago Ibazeta en la madrugada del 11 de junio de 1956.
Pide hablar con el presidente Aramburu para salvar a su esposo. El Capitán de Navío Francisco Manrique es el encargado de negarle la entrevista diciéndole que “el presidente duerme”. A los pocos minutos el Coronel revolucionario será cobardemente fusilado en Campo de Mayo junto a cinco camaradas.
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