Olavarría | Ladren lo que ladren los demás

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Por Marcos Maldonado *

Tenía pensado, aún antes de viajar hacia Olavarría, escribir alguna reseña o crónica de lo ocurrido. Me grafiqué trazando paralelismos entre canciones tocadas, palabras del Indio y el momento político que estamos atravesando. También relatando lo que se vive tanto dentro como fuera del show, el fenómeno cultural. Pero no.

Desgraciadamente, después de que varias ideas sueltas reboten por mi cabeza en las últimas horas, me propongo reflexionar acerca de lo ocurrido aportando algunos datos y lineamientos a tener en cuenta a la hora avanzar hacia algo parecido a una síntesis.

Y nunca hay terreno sagrado

El concierto brindado por el Indio Solari y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado tuvo lugar en el predio rural “La Colmena” y comenzó cerca de las 22 horas de este sábado 11 de Marzo. El mismo intendente de Olavarría, Ezequiel Galli, fue quien puso la firma para que la municipalidad sea garante y se pueda alquilar el lugar a En Vivo S.A., productora del Indio, por un monto de $300.000, aproximadamente $1 por persona.

Javier León, de 42 años, y Juan Francisco Bulacio (sí, Bulacio), de 36, son los dos fallecidos confirmados por las autoridades. Vale aclarar que el segundo no tiene relación directa con Walter Bulacio, joven asesinado por la Policía en un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Violencia es mentir

Desde la madrugada de este domingo vimos desfilar por medios de comunicación y redes sociales a miles de opinólogos, sociólogos de lo ajeno, analistas a la distancia, flamantes especialistas en recitales y algunos mala leche conscientes.

Hay que estar ahí. Es importante situarse para brindar una reflexión, por lo menos, sincera y coherente. No se debe decir con simpleza que esto fue similar a lo que pasó en Cromagnón, que la gente que va a ver al Indio es una mierda, o que todo lo ocurrido es parte de un plan diseñado por los reptilianos.

La responsabilidad debe aplicarse en estos casos porque se está jugando con humores y sensibilidades sociales muy profundas cuando opinamos libremente sobre un suceso como este. La indignación aflora y hay “analistas” que sólo la enardecen más.

La doble vara es evidente cuando recordamos tragedia como la de Time Warp, en la que murieron  5 personas entre 20.000 presentes. Sin minimizar lo de Olavarría, la fiesta electrónica fue mucho más grave en todos los sentidos. Pero el componente cultural que asistió a ese festival pertenecía a otro orden social y no se quiso apuntar a sus costumbres y rituales.

Lo de la Agencia Nacional de Noticias Télam, la cual publicó apenas terminado el recital que había siete fallecidos, conlleva una gravedad institucional enorme. Sumado a que es una aberración periodística haber publicado tamaña falacia, teniendo en cuenta que Télam además de ser un portal es un servicio de cables que llegan a todo el país y el mundo, hay que señalar fuertemente que es la agencia del Estado. Es decir, sin entrar en adjetivaciones necesarias, que el Estado confirmó siete muertes, cuando hubo dos.

En venenos siniestros

Mientras  me aproximaba al predio rural, me daba cuenta de la carencia de controles y lo nada organizada que estaba vía pública que se transitaba.

Un desastre desde lo logístico llevó a que el ingreso tuviera vueltas extrañas y un hacinamiento innecesario de concurrentes que ya tensionó a los más susceptibles.

La salida fue otro cantar. Inexplicablemente, se valló parte de la salida dejando un corredor demasiado estrecho para el caudal de gente que quería salir. Digo “quería” porque en un momento la tarea parecía imposible.

Cuando egresaba del predio y pensaba que había pasado la peor parte, me encontré con que había calles cerradas, nula señalización y versiones encontradas entre las personas que tenían mayor altura e intentaban divisar una salida. La desesperación fue creciendo y propició desmayos y empujones, situación que nos llevó muchos a hacer las veces de barrera humana para resguardar a los damnificados.

Los ojos ciegos bien abiertos

El Estado es el principal responsable. Sin quitar la responsabilidad que recae en el Indio Solari y su producción y, en menor medida al público ricotero, no tengo dudas en señalar que la mayor responsabilidad la tiene el Estado.

En la larga caminata camino al predio, el Estado dejó de existir un par de kilómetros antes. Ni fuerzas de seguridad, ni ambulancias o equipos preparados para socorrer heridos. Nada.

El Estado, léase Municipal, Provincial y Nacional, debe garantizar que un espectáculo de esta índole tenga las mejores medidas de seguridad posibles. En caso de no cumplirse, tiene la potestad de suspender el espectáculo si lo cree necesario.

Las respuestas del Intendente Galli y el presidente Macri son patéticas y buscan desligarse cualquier tipo de responsabilidad, acorde al neoliberalismo gobernante en ambas esferas.

Gente poderosa de mierda se regodearía si alguien sale lastimado

Nada es casualidad. Esa frase fue publicada en redes sociales oficiales del Indio Solari cinco días antes del concierto. Sin caer en teorías conspirativas inchequeables, me parece necesario apuntar que la tragedia y sus repercusiones se dan en el marco del fenómeno cultural y popular más masivo de nuestro país, y quizá todo el mundo.

El Indio Solari, indiscutiblemente, es un ícono popular muy potente que constituye una figura, en muchos aspectos, antagónica a quienes nos gobiernan hoy. Asimismo el recital, del cual se rumoreaba era el último, generó la mayor expectativa y concurrencia de la historia.

Remarco, teniendo en cuenta todos los factores, comentados en este artículo, que si la tragedia no fue mayor se debió estrictamente a la solidaridad imperante en el público. El “cuidemos al de al lado” constante que plantea el Indio, se hizo en carne en los asistentes y pudo prevenir una catástrofe peor.

Estamos en tiempos oscuros. Nuevamente nos gobiernan seres que se enriquecen con el sufrir del pueblo. Estamos ante un modelo socio-económico que sólo cierra con sangre y muerte. Y no sólo a través de la represión, que es una de sus vertientes, sino también exprimiendo a más no poder la tragedia en un escenario que además de cultural y popular, también era político.

(*) Periodista de Radio Gráfica

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