julio 19, 2019

Delia Giovanola | Las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también

Delia Giovanola | Las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también

“La de la foto soy yo”, comenzó la Abuela de Plaza de Mayo Delia Giovanola entrevistada en el programa Feas, Sucias y Malas. Durante el diálogo, además, se refirió a su acompañamiento a familiares de los 44 tripulantes del submarino ARA San Juan, desaparecido el pasado 15 de noviembre.

Había comenzado la guerra y explicó que “como se llenaba de periodistas”, escribió el cartel, que hoy se exhibe en el museo de Abuelas de Plaza de Mayo, y salió a la Plaza. “En el mundo se sabía lo que pasaba en Argentina. Acá se sabía que éramos las locas y que no estábamos acompañadas como ahora que la Plaza (del 24 de Marzo) fue muy emotiva”, siguió.

Con motivo de conmemorarse el homenaje de 2 de Abril, la Abuela fue invitada a la actividad “Las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también. De la Guerra de Malvinas al ARA San Juan” realizada en Comodoro Rivadavia. “Hace 42 años buscábamos a nuestros hijos y hoy también buscan 44. Están todas las familias sin respuesta y son los desaparecidos de 42 años después. Son 42 años y mi hijo y mi nuera siguen desaparecidos. Ese el motivo”, expresó sobre la razón de su participación allí.

“La lucha nuestra fue con un pañal en la cabeza. Todavía nos faltan más de 300 nietos por encontrar. Continuaremos en la búsqueda y cada nieto es un triunfo. Las abuelas estamos en peligro de extinción y muchos hijos son quienes van a continuar con la búsqueda”, dijo. Y recomendó el documental “Hermanos de sangre”, que realizó junto a su nieta Victoria, quien se suicidó antes de encontrar a su hermano aparecido en el 2015.

Consultada sobre la posible continuidad de domiciliaras a los genocidas, dijo: “Son torturadores, criminales y médicos parturientos. Cuando mi nuera parió a su hijo lo tuvo cuatro o cinco días con ella. Cuando vuelve a la celda, esto lo sé por una liberada –detalló-, vuelve con el cordón umbilical y va pasando de celda en celda hasta que llegó hasta la de mi hijo diciéndole que volvió a nacer Virginia, porque era igualito. Desde ese momento busqué a un nieto rubio de ojos celestes, porque Virginia, la madre y el padre eran rubios de ojos celestes. Era la lógica. Cuando ella termina de parir, le obligan a baldear la celda, tuvo a su hijo tabicada, con ojos vendados, las manos atadas”.

“Es inhumano, es muy duro ¿Cómo vamos a olvidar y perdonar si nadie nos pidió perdón? No les tengo odio, no les deseo nada, pero que estén en la cárcel. Las madres y las abuelas no hemos hecho nada malo”, finalizó.

UA/GF/RG

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