junio 18, 2018

Francisco, China, Rusia, Corea del Sur | Porqué se encontraron Estados Unidos y Corea del Norte

Francisco, China, Rusia, Corea del Sur | Porqué se encontraron Estados Unidos y Corea del Norte

Por Gabriel Fernández *

Siete décadas de confrontación fueron desmenuzadas por la madurez que se gestó a través del equilibrio de fuerzas económico. Las naciones se despliegan cuando pueden hilvanar el interés geoeconómico profundo con la orientación política. La clave del encuentro de Donald Trump con Kim Jong-un está lejos de ser una acción sagaz del jefe asiático que –como está en boga señalar por estas horas- habría desarticulado los intentos agresivos de Washington.

La clave está en el crecimiento duro y persistente de China que, coaligada con Rusia, ofrece un horizonte superior para los países de la región. Incluida la gran presencia ausente de la reunión: Corea del Sur. Ese horizonte se asienta en múltiples factores, pero pueden indicarse un puñado realmente trascendentes. Por ejemplo, la fluidez crediticia, tan contrastante con la mezquina acción de los organismos multilaterales creados tras Bretton Woods. También, el apoyo a las iniciativas productivas. Y en su derivación, la generación de mercado internos potentes y de una trama exportadora de nueva generación, con el aprovechamiento pleno de los avances tecnológicos más recientes. Asimismo: recursos naturales apreciables.

Como si eso no bastara, el atractivo chino ruso se liga también a la demostrada capacidad para operar en materia de seguridad. Los años recientes han resultado esenciales para el desmembramiento de los intentos occidentales por invadir a la vieja usanza, pero también de las búsquedas irregulares a través de bandas mercenarias disfrazadas de lugareños. La acción planteada en derredor de Siria ha sido determinante para asimilar países muy potentes que otrora deambulaban sin destino pero también (digámoslo en voz baja) para captar la atención de europeos hartos de un poder político continental hegemonizado por los grandes bancos y una bandada de buitres con buena prensa.

Volvamos a la región. En lo particular, la resolución incruenta de la compleja situación en el Mar de China Meridional, resultó fundamental para convencer –en este punto específico- a los gobiernos de países territorialmente cercanos pero políticamente antitéticos como los nucleados en el ASEAN. Allí, el grupo que bordea el paso, compuesto por China, Taiwán, Filipinas, Malasia, Brunéi, Indonesia y Vietnam, depuso litigios abiertos sin desandar reclamos históricos. Guiados por la potencia, todos coincidieron en dilucidar diferencias puertas adentro, sin admitir la incidencia de grandes extra continentales.

Por todo eso y algo más, Corea del Sur empezó a debilitar sus vínculos con un Occidente que ofrece asociaciones de gran demanda y escaso apoyo, y a re enlazarse con un bloque que acepta diferencias y escucha necesidades. Qué bien le vino a China, en esa dirección, el experimento Hong Kong; allí observó que si el poder estatal se sostenía con profundidad –afincado como indicamos en el interés geoeconómico más genuino- el desarrollo de una experiencia “capitalista” en sentido estricto no resultaba imposible ni horadaba las premisas con que se movía el conjunto de la nación. De este modo, la construcción de un espacio pensado para los sur coreanos emergió con relativa naturalidad.

En el otro punto de la mesa de negociaciones están los Estados Unidos. Con una fineza digna de mejores parlamentos pero portadora de una sensatez abrumadora, Trump está ubicando a su país en el lugar exacto que puede ocupar, por fuera de deseos grandiosos sostenidos por propagandas triviales y modelos hollywoodenses. El rubicundo, para quien mejor que decir es hacer, comprendió hace tiempo que no gana el que dice que es un ganador sino el que puede ganar, debido a la correlación de fuerzas adecuada.

Diez mil promociones de Nike (Just do it) no relevan un buen producto bruto industrial. No se trata de proponérselo sino de realizar las acciones que enlazan con el interés hondo citado y con las herramientas disponibles en un período determinado. En la práctica, una nación poderosísima como los Estados Unidos ha sido vaciada en su interioridad productiva por la hegemonía del capital financiero, que terminó por acusar mediáticamente de comunistas, fascistas y populistas a todos aquellos que impulsaron la generación de bienes de producción y consumo. A los capitalistas que elaboraron la arquitectura norteña.

Así, Trump observó que en vez de ocupar la energía nacional en aventuras externas de las cuales sólo sacan rédito las empresas armamentísticas –cuasi fusionadas con los grandes bancos y los carteles de la droga- tenía que reorientarla hacia el interior. La sencilla fórmula roosveltiana de producción industrial, circuito de venta y capacidad de compra, mereció su atención. Nadie puede prever el éxito de su gestión porque el poder interno está corroído por la renta improductiva, con bolsas, acciones, papeles y billetes sin valor cuyos portadores son promovidos como el cenit del ser humano. Pero lo que ha logrado hasta ahora supera las mejores expectativas.

Hoy, atisbando a la distancia, puede percibirse la gigantesca trascendencia de aquella visita del Papa Francisco a los Estados Unidos. Caló hondo, rascó donde había comezón, penetró cerebros que poseían un vago recuerdo de “otro” país, agitó corazones donde la solidaridad parecía opacada por un egoísmo vano y en suma, propuso a ese pueblo cambiar de rumbo. Zambullirse en la multilateralidad. Ese pueblo lo escuchó y escogió lo que podía dadas las circunstancias. Tanteó en derredor y probó con Bernie Sanders, pero la interna demócrata estaba copada integralmente por aquellas empresas que, en vez de promover Colores Primarios sólo dinamizaba la primarización de una gran economía. Entonces visualizó un arquetipo conocido, un red neck, con humor machista, groserías restallantes… y muchas ganas de reconstruir el esquema productivo.

Para escándalo de los poderes establecidos, cuyo objetivo básico es la destrucción con todo lo que ello implica, al concluir la conferencia de prensa en Singapur Trump señaló: “El conflicto de ayer no tiene que ser la guerra de mañana”. Lo hizo no sólo porque cree lo que dice, sino porque conociendo a fondo las cuentas norteamericanas, sabe que su país perdería la guerra de mañana ante dos potencias cuyos PBI crecen en un sentido diametralmente opuesto al suyo, y al de esos molestos y deficitarios guerreristas de la OTAN. Por eso se reunieron Corea del Norte y los Estados Unidos.

(*) Director La Señal Medios / Sindical Federal / Área Periodística Radio Gráfica.

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