diciembre 14, 2018

Lenguaje inclusivo y RAE | Desafiar y ser desafiado

Lenguaje inclusivo y RAE | Desafiar y ser desafiado

Por Agustín Montenegro*

Casos: Una vez a mi viejo lo paró un militante comunista universitario diciéndole “compañero”. Mi viejo le dijo: “Compañeros son los huevos, que andan siempre juntos”. Patrick Rice, en una historia hermosa que me refirió Carlos Aira, salvó su vida hablando en gaélico frente a sus captores, que se preparaban para escucharlo hablar en inglés con su compatriota irlandés. Un profesor de la facultad, en pleno debate por el “todos y todas”, nos declaró que no lo iba a utilizar porque se hacía demasiado largo. Pensaba en él, supongo, pero también en los desgrabadores, que cobraban por hora, y no por palabra. Un día entré a un curso y saludé con un “chiques” y me gritaron al unísono: “¡No!”. Otro día entré a un curso del mismo colegio y cinco o seis alumnas usaban la “e” inclusiva con una capacidad de articulación fenomenal. Más de una vez no supe cómo nombrar a alguien a quien me quería dirigir. Si hoy en día una persona hablara completamente en lunfardo, esa persona pasaría directamente por idiota. Si un irlandés habla en gaélico con todos los irlandeses que se cruzan en su día, probablemente muchos no lo comprendan. Si me dirijo con la “e” a esos alumnos que me gritaron “¡No!”, probablemente no llegue a dar jamás una clase entera. Si, en cambio, en el futuro tengo una clase que no se siente aludida por la “o” “no marcada”, como sostiene la RAE, voy a tener que cambiar mi estrategia comunicativa, porque tampoco voy a lograr mi objetivo. El lenguaje es inclusión y exclusión, construcción e identidad y, sobre todo, comunicación.

Uso y norma: Como vengo sosteniendo, el lenguaje es uso, y no norma. La norma “panhispánica” es la correcta, pero depende de la situación. Por lo tanto, tiene tanta corrección y universalidad como los semáforos. Un semáforo en la revuelta parisina tiene tanto uso como un semáforo en alguna callecita cotidiana en Ciudadela: ninguno. Muchos artículos de la Gráfica (por suerte) no pasarían la prueba formal para salir en Clarín –y viceversa–. Esto es porque cada uno marca su norma interna. Su lenguaje. Su forma de adjetivar, de influir, de accionar. De la misma manera que cada curso, cada grupo y cada tribu. Son marcas de identidad, fuerzas y voluntades de los diversos contextos en los que la lengua se desarrolla y cambia.

Los que quieran apoyarse en la RAE para evitar el lenguaje llamado inclusivo pueden hacerlo. Cabe recordar que el panhispanismo lingüístico es casi un sinónimo de un negocio del cual España quiere ser líder en nuestro propio territorio, y sostiene ideológicamente ciertas “verdades” que son estrictamente de origen peninsular. La RAE, aun así, ahora no importa. En el momento en que la academia normativice la “e” inclusiva tampoco va a importar mucho. Lo que manda es la comunicación, la comprensión y el entendimiento en nuestra propia lengua. Muchos se apoyarán en que la RAE haya tomado esa decisión, pero probablemente sigan ubicando la tilde en los pronombres demostrativos o sigan marcando la tilde para distinguir el adverbio “solo” del adjetivo “solo”.

La norma va a funcionar (y va a utilizarse) para aquellos lugares formales e institucionalizados, pero no por completo. Una capacitadora en ESI, militante feminista de décadas, puede usar cómodamente la “e” en escuelas públicas y privadas. Alguien que escribe informes para elevar a superiores difícilmente logre usarlo sin que sea un problema para su propia práctica. Un traductor para España debe seguir la norma de cerca. Uno para Perú, habrá que ver. Y un periodista, docente o comunicador popular que obligue a identidades que no se sientan incluidas en esa “o” supuestamente no marcada a incluirse en ella, también tendrá un problema en su práctica. A menos que quiera imponer la práctica normativa a la identidad de sus enunciatarios. Hablarle al otro es construirlo, también, momentáneamente.

Otro caso: El accionar normativo de la RAE abarca otros casos. Por ejemplo: un paraguayo que llama a su amigo y luego lo comenta dice: “le llamé”. En menor medida, lo utiliza también para referirse a un referente femenino. La RAE llama a esto “leísmo” y no lo permite para designar animales, cosas o nombres femeninos. Es decir que no se puede decir “Se le desbocó el caballo y no pudo dominarle”, un uso común en muchas zonas. Tampoco se puede decir “Le llamé” para referirse a una mujer. En Paraguay las clases bajas utilizan el “le” tanto para hombre como para mujer, y para esta última en menor medida. Y aún en las clases altas intentan distinguir el “lo” del “le”, sin tener éxito por completo. RAE, a la norma, la llama “norma culta”. Con esto quiero demostrar que la RAE se caga en los paraguayos de clase baja tanto como en el “progresismo inclusivo”. Y todo por la norma. Curiosamente, la terminación es la misma, con lo cual la “e” inclusiva estaría introduciendo un problema en el sistema lingüístico, confundiendo notoriamente a los paraguayos, que estarían pasando a ser pioneros en algunos usos del lenguaje inclusivo. Quizás se repriman y empiecen a usar la norma culta y peninsular, para que no se los tilde de progresistas.

Horizonte: El uso de la lengua, su contexto inmediato, y su privilegio para la comunicación, deberían ser nuestro mayor horizonte. La lengua y su uso son posibilidad de comunicación ante todo. Desplegar y ampliar las posibilidades comunicativas. Cualquier norma, panhispánica o nacionalista, escolar, institucional, como demostré, va a ir siempre por encima del lenguaje cotidiano. Si, por otra parte, en lugar de la norma panhispánica, privilegiamos la textualidad y la dinámica de la lengua que construimos los hablantes, podemos ver no solo que se puede usar la “e” inclusiva en diversos contextos, sino que, básicamente, podemos hacer lo que se nos cante para problematizar, hacernos entender o desafiar a nuestros compañeros que nos escuchan. Porque la comunicación es desafío también, ¿no? Tanto como mi viejo fue desafiado por el compañero universitario a ser incluido en un grupo al que él no quería pertenecer. Tanto como Rice desafió a sus captores, que se daban ínfulas de saber el inglés, tan universal. Tanto como los estudiantes me desafían a usar y no usar la “e” inclusiva. Tanto como este texto, que usa el lenguaje binario.

¿Usar la “e” todo el tiempo? No sé, no lo creo. ¿No usarla por completo? Tampoco. Cada enunciador, individual o colectivo, pero siempre social, será consciente del contexto, de las personas y los grupos, de los referentes y los enunciatarios. Del otro, la otra, lx otrx. Dislocar es comunicar. Los que quieran estar cómodos con el sistema binario y la “o” no marcada, pueden hacerlo, por supuesto. La norma los avala, si quieren ese aval. Pero, quizás, pronto haya personas que no tengan ganas de comunicarse en un sistema tan reconfortante.

(*) Docente

Fuentes:
https://www.fundeu.es/recomendacion/leismo-laismo-y-loismo-claves/
https://www.gc.cuny.edu/CUNY_GC/media/365-Images/Arnoux-Del-Valle-SiC-2010-intro.pdf
http://www.hottopos.com/rih27/55-68Symeonidis.pdf

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