febrero 19, 2019

Opinión | Frente a la recolonización, la patria en movimiento

Opinión | Frente a la recolonización, la patria en movimiento

Por Ariel Weinman*
La Cuarta Marcha por la Soberanía en Lago Escondido convocada por la Fundación Interactiva para Promover la Cultura del Agua (FIPCA), presidida por el capitán de corbeta retirado Julio César Urien, llega en un momento preciso, para echar un relámpago de certeza ante la ambigüedad y la incertidumbre del presente, que se cierne como una acechanza en el devenir colectivo de la comunidad nacional.

Es que la conjunción de movimientos múltiples de diversas tradiciones afirmará en Lago Escondido, una vez más, que hay un camino obturado, expropiado por el magnate anglosajón Joe Lewis. La marcha en El Bolsón señalará, en el terreno mismo de la ocupación, que un anclaje colonial tapona el pasaje a la Patria.
Lewis es además uno de los dueños de la Argentina, con intereses directos en las empresas que controlan la producción y la distribución de la energía eléctrica, y en el reverso de esta ocupación pueden leerse las políticas de un gobierno nacional que embiste, aceleradamente, contra la Patagonia, con desindustrialización creciente, erradicación de empresas y expropiación de tierras a las comunidades campesinas e indígenas para vaciarla de población.

En la pantalla de proyección de los dueños del capital siempre ha estado la idea de la Patagonia como “desierto”, es decir, la prefiguración del imaginario de un territorio deshabitado e inerte para legitimar luego su expropiación con objetivos de la producción extractivista. Por eso, la política de Cambiemos de vaciamiento de la región austral constituye un primer paso en el proceso de cesión definitiva de lo que desde la perspectiva del imperio del norte son las reservas de “recursos” hídricos y minerales del Planeta, y un espacio geoestratégico en la dominación de América Latina.

Esta usurpación de Lago Escondido bendecida desde la Casa Rosada es una señal de la continuación de la guerra imperial contra Nuestra América por otros medios, para también diseminarse en la apropiación de lo que ellos consideran una “naturaleza inerte, inanimada”, por ende, explotable”: la corriente de insumos energéticos de una maquinaria colonial, que con la finalidad de no perder la supremacía en el mundo, amplía el hambre y la miseria entre las naciones del Sur, y también ha despertado a la Naturaleza que da muestras cotidianas de su malestar frente a la expoliación del capital.

Por supuesto esa expansión incluye la instalación de bases militares en el territorio nacional, el dominio financiero mediante la deuda externa y un poder judicial supervisado por el Departamento de Estado que les garantice, bajo el eufemismo que designan como “legalidad”, como ocurrió en Brasil con la proscripción de Lula, el amparo, si es necesario, para que sigan gobernando sus aliados criollos.

Pero no podemos hacernos los distraídos. En la Venezuela Bolivariana amenazan con afirmarse a través de la intervención militar directa, la vuelta a la guerra abierta, acompañada por las oligarquías gobernantes en varios países de la región nucleadas en este nueva Alianza para el Progreso que es el Grupo de Lima, ante un gobierno como el de Nicolás Maduro con apoyo popular sostenido, insubordinado a las imposiciones del imperio norteamericano.

La Marcha por la Soberanía se abisma como un relámpago del pasado de las luchas anticoloniales, que hará fogonear la tradición emancipatoria que nutre las experiencias nacionales en el conflicto histórico con el imperio, justo en esta coyuntura de peligro, en el preciso instante en que la retórica de una parte del movimiento nacional parece haber extraviado que la línea de combate se demarca entre la patria y la recolonización imperial.

*periodista, conductor de Panorama Federal – Colectivo de dirección Radio Gráfica

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