agosto 18, 2019

Haití | La esperanza de un nuevo 1804

Haití | La esperanza de un nuevo 1804

Por Henry Boisrolin *

La profunda crisis haitiana, luego de violentas protestas populares que se extendieron por toda la geografía del país y con epicentro en Puerto Príncipe, la capital, ha trascendido sus fronteras. En efecto, desde el 7 de febrero último pasado al registrar durante más de diez días consecutivos fuertes enfrentamientos entre manifestantes y las unidades especializadas de la Policía Nacional de Haití (PNH), saqueos de varios negocios, incendios de vehículos y de ciertos edificios públicos como así también de estaciones de gasolina, escuelas y universidades cerradas, hospitales públicos en estado de abandono, cierre de algunas embajadas, éxodo tanto de residentes extranjeros al igual que muchos haitianos pertenecientes a los sectores sociales más acomodados, esta nueva insurrección popular con también varias decenas de muertes y centenares de heridos y detenidos empezó a atraer la atención de la prensa internacional. Y ante la evidente incapacidad del gobierno títere del imperialismo dirigido por el ilegal e ilegítimo presidente Jovenel Moïse -rechazado de manera abrumadora por la población que exige su renuncia- de restablecer el orden, la llamada comunidad internacional a través de este engendro de carácter neocolonial denominado Core Group (integrado por el representante especial adjunto del Secretario General de las Naciones Unidas, los embajadores de Alemania, Brasil, Canadá, España, Estados Unidos, Francia, la Unión Europea y el representante especial de la OEA) mediante un Comunicado injerencista llamó a los actores políticos a un diálogo para buscar una solución a la crisis política y económica en la que está inmersa Haití. Al mismo tiempo, el Core Group con su hipocresía habitual rechazó los actos de violencia durante las manifestaciones y lamentó la pérdida de vidas humanas. Y, con cinismo y soberbia, advirtió que si los haitianos piensan derrocar al actual presidente, esto debe producirse solamente mediante elecciones y no como resultado de movimientos de calle.

Entre tanto, la gran prensa internacional para explicar esta nueva insurrección popular volvió con los habituales clichés que suelen utilizar para caracterizar a la sociedad haitiana. Asimismo, repite hasta el hartazgo que Haití es el “país más pobre” y corrupto del hemisferio. Como si esta realidad fuera suficiente para aprehender una crisis que es en lo fundamental el resultado de procesos históricos y políticos muy complejos derivados del sistema neocolonial impuesto a partir de la primera ocupación militar norteamericana desde el 1915 hasta 1934. Una ocupación que significó en los hechos que todas las principales riquezas del país están siendo hasta nuestros días saqueadas por las empresas yanquis, sin olvidar el rol que el imperialismo asignó a Haití en la división internacional del trabajo como productor de mano de obra extremadamente barata. Además, es menester recordar que desde 2004, meses después del derrocamiento del presidente Jean-Bertrand Aristide, Haití se encuentra bajo el tutelaje de la ONU que vino a reforzar el sistema de dominación y explotación, y como último recurso para la reproducción de dicho sistema. Por lo tanto, es más correcto hablar de país más empobrecido y no de “país más pobre”.

Henry Boisrolin Coordinador del Comité Democrático Haitiano en Argentina
Henry Boisrolin
Coordinador del Comité Democrático Haitiano en Argentina

En este contexto, cabe resaltar que es imprescindible entender que la problemática haitiana representa en cierto sentido un desafío a los paradigmas de la civilización occidental impregnada de racismo. Una civilización cuyas categorías son insuficientes para analizar un país formado por esclavizados y esclavizadas que supieron vencer en 1804 luego de siglos de lucha en el campo de batalla y de las ideas a Francia, una de las potenciales coloniales más poderosas de aquella época. Esta enorme dificultad conduce forzosamente a la elaboración de reduccionismos por parte de muchos analistas internacionales que pretenden comprender a este singular y pequeño país. Es en este sentido, que las reivindicaciones populares exigiendo, entre otras demandas, una respuesta acerca del despilfarro de los fondos del Proyecto Petrocaribe -unos 3.800 millones de dólares-, la renuncia del presidente y su gobierno como así también el cierre del Parlamento, se transformaron en árboles que tapan el bosque. Y ante el rechazo casi unánime por parte de la oposición al llamado al diálogo nacional realizado por Moïse en su alocución luego de 8 días de disturbios, la conclusión que los analistas sacan es que la crisis está lejos de ser resuelta. Lo mismo sucede con el discurso del Primer ministro y Jefe de Gobierno, Jean Henri Céant, luego de anunciar algunas medidas de austeridad. Pero cuidado, no se trata solamente de un problema de debilitamiento político de Moïse y de Céant, sino de una crisis que muestra claramente varios signos de desmoronamiento del sistema neocolonial donde las masas sumergidas en condiciones inhumanas de existencia están recurriendo a su historia, a su cultura, a sus experiencias de lucha, intentando escribir una nueva página como en 1804.

Esto es así, pues entienden que están prácticamente solas, y ningún gobierno extranjero va a solucionar sus acuciantes problemas. Salir de este círculo infernal de dominación, explotación y humillación, de tutelaje internacional, de control de la población por parte de centenares de ONGs y de religiosos, es justamente repetir con creatividad, coraje y determinación –teniendo, por supuesto, en cuenta las actuales condiciones internacionales- un nuevo 1804.

* Coordinador del Comité Democrático Haitiano en Argentina

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