abril 23, 2019

Higuaín | La paradoja del goleador

Higuaín | La paradoja del goleador

Por Nicolás Podroznik (*)

 

El fútbol por estas latitudes despierta pasiones como en pocos lugares del mundo. El fútbol nos cruza. Está en nuestro ADN, en nuestra cultura. Las discusiones en el bar, en las aulas o en una oficina están a la orden del día. Y una de esas discusiones -al menos en el último tiempo- aun hoy sigue dividiendo a aquellos que defienden a Gonzalo Higuaín y aquellos que lo atacan tras los consabidos goles errados en la Copa del Mundo 2014 y las últimas dos Copas Américas.

El jueves pasado, Higuaín anunció su retiro de la Selección Argentina. “Mi ciclo en la Selección ya está. Ahora la voy a ver de afuera para alegría de muchos”, declaró. Una decisión que el propio jugador piensa “que me va a hacer bien, es lo que me va a hacer feliz”, pero que también denuncia un evidente paso del tiempo -cumplió 31 años en Diciembre pasado- y una floja temporada, tanto en Milan como en el club londinense.

Es difícil explicar como un jugador qué conquistó mas de 300 goles en su carrera puede ser tan resistido. Pareciera que, indefectiblemente, en la retina de los argentinos pesaran más aquellas tres situaciones falladas que los 31 goles que convirtió con la Selección. Lo extraño es que, más allá de esto, nadie discute las cualidades técnicas de un jugador que sabe fajarse con los centrales, tiene buen remate con ambas piernas y un gran anticipo en los últimos metros. Entonces, ¿Qué le faltó al Pipita para meterse en la historia grande del fútbol mundial? Quizás sus números, sumados a situaciones particulares, puedan explicar porqué.

Durante su etapa en el Real Madrid marcó 121 goles en 264 partidos, una marca nada despreciable que llevó a su equipo a la conquista tres Ligas, una Copa del Rey y dos Supercopas españolas. Sin embargo, si se profundiza en sus números, comienza a asomar el problema: la falta de presencia en momentos claves. Es sabido que para el equipo madrileño obtener la Champions League es cuestión de estado. Pues bien, en esa competición Higuaín apenas marcó 8 goles en 48 partidos (sólo dos en instancias de eliminación directa), quedando en la retina de los hinchas merengues los goles errados tanto en 2010 frente al Lyon como en la semifinal de 2013 frente al Borussia Dortmund. Esta situación, sumada a los pocos goles que le convirtió al Barcelona (tres en dieciséis encuentros), hicieron que el Real Madrid lo vendiera al Napoli. Tras su salida, los merengues ganarían cuatro de las siguientes cinco Champions League.

En Napoli dejó huella con sus 92 goles en 147 partidos. Sus tantos permitieron soñar con un Scudetto, pero no alcanzó para ganarle a una Juventus omnipotente. También estuvo cerca de ganar una Europa League, pero en semifinales cayó ante el Dnipro ucraniano. En esa llave Higuaín erró seis chances claras de gol. La obtención de una Copa Italia y una Supercopa (con dos goles de él incluídos) forjaron una idolatría que se terminó cuando decidió irse a la Juventus, el equipo más odiado de Italia. Corría el año 2016. Higuaín volvía a fallar frente a Chile.

En Juventus también tuvo un buen rendimiento con 55 goles en 105 partidos, pero por Turín también exigen: la Champions era el objetivo. Cuando tuvo que aparecer frente al Real Madrid, tanto en Cuartos de Final como en la Final del 2017, no lo hizo. El que sí lo hizo fue Cristiano Ronaldo. El equipo italiano lo contrató al siguiente año. Ese fue el pase de salida de Higuaín.

En la Selección, sus números son constantes: en 75 encuentros marcó 31 goles, de los cuales 23 fueron por competiciones oficiales (5 en Mundiales, 7 por Copa América y 11 por Eliminatorias). Nada mal, pero la cuestión vuelve a recaer en el cuándo: nunca le marcó goles ni a Colombia ni a Brasil y apenas le hizo uno a Uruguay. Y si nos remitimos a selecciones europeas, cinco goles en veinte encuentros jugados.

Nadie duda de las capacidades técnicas de Higuaín. Ni siquiera se pone en tela de juicio su estado físico, el cual siempre fue objeto de burla y sin embargo, nunca nadie se detuvo a siquiera pensar que Higuaín jamás sufrió lesiones musculares o de gravedad. Entonces, ¿Cómo es posible criticar a un goleador con grandes números, recursos técnicos y constancia en su carrera?

Quizás habrá que buscar la respuesta en otro lado, porque el fútbol no se juega solo con los pies. Porque Gabriel Batistuta marcó 2 goles en la fase final de la Copa América 1991 y otros dos en la final de 1993. Mario Kempes apareció cuando más se lo necesitó en 1978. Hasta incluso Martin Palermo -con el cual no hay equivalencias desde lo técnico con respecto a Higuaín- apareció en aquella noche lluviosa de Octubre de 2009.

El problema de Higuaín siempre estuvo en su cabeza. Casi nunca pudo sobreponerse a su incapacidad de convertir en momentos claves, tanto en sus equipos como en la Selección Argentina. Si no se trabaja en lo anímico o en lo psicológico, las situaciones falladas en esas instancias tarde o temprano empiezan a hacer mella. Por eso cuando él mismo afirma que la renuncia a la Selección le va a hacer bien, está en lo correcto. Porque ya no va a tener que cargar con el peso de esos goles errados. Es sano. Y está bien.

(*) Periodista de Abrí la Cancha – Radio Gráfica FM 89. 3

 

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