agosto 24, 2019

Absurdo Criollo | La construcción del ser nacional

Absurdo Criollo | La construcción del ser nacional

De un lado, el campo y sus tradiciones. Un gaucho que descubre la inutilidad de su hijo para cebar mate y le encomienda la difícil tarea de hacerse argentino. Del otro, la ciudad. Una ex jueza que quiere candidatearse como diputada para paliar su aburrimiento. Una empleada doméstica que encuentra su ser revolucionario en La Ideología alemana de Engels y Marx. Historias que se entremezclan y confluyen en la construcción de la identidad nacional.  

Un ombú, nacido en el cemento, une la civilización con la barbarie. Una especie de portal natural que conecta dos mundos presentados como opuestos pero que, juntos, forjan la argentinidad. Un viaje. Un absurdo traslado en la espacialidad muestra la diversidad del territorio. De la pampa húmeda a una Patagonia arrasada por la colonización. El mate, pero también la cerveza artesanal y la foto con el perro San Bernardo.    

Absurdo criollo, la tercera obra de Marcos Arano y Gabriel Graves, funciona como síntesis de la problemática abordada en Tierra partida, lo demás no importa nada y Vientre, el hueco de donde venimos. Indaga sobre las contradicciones, los orígenes y la heterogeneidad del ser nacional. Rompe con la linealidad desde su propia creación e incorpora variedad de estilos.     

El director Marcos Arano visitó el estudio Patrick Rice y habló en Radio Gráfica sobre el espectáculo. “Absurdo criollo es una obra con un género raro. Tiene algo de circo criollo, absurdo y tragedia griega. Pero, al mismo tiempo, tiene algo de comedia mezclada con clown y una dramaturgia un poco posmo”, confesó, en diálogo con Mauro Cavallín, Camila Hernández Benítez y Eliana Cabezas.

   – ¿Qué sería un absurdo criollo?

Es un género inventado, no existe. Existe si el teatro del absurdo en donde lo clásico es ionesco. Este tipo de teatro que no se puede explicar mucho, que en general tiene humor y está asociado al surrealismo. Y nosotros lo mezclamos con el absurdo que es pensar una identidad nacional. Gabriel, el otro dramaturgo, es una eminencia en teatro y literatura argentina. Entonces la obra tiene muchas de esas referencias. Es una mezcla bastante rara con una estructura trágica. El que quiere puede encontrar referencias a Edipo, Hamlet y, al mismo tiempo, al Moreira.

– La obra posee dos mundos que están conectados por un ombú. El campo y la ciudad, la civilización y la barbarie ¿Cómo fue construir eso?

Partimos un poco de la idea que había aparecido en Tierra Partida cuando pensamos en civilización y barbarie. Cómo se presenta ese juego con respecto a la identidad nacional. Entonces apareció un texto de Martínez Estrada que dice que la civilización y la barbarie se da un poco en esos patios donde, de repente, empieza a crecer el brote de una planta que prospera en medio del hierro y la ciudad. Había algo de ese cruce que nos parecía interesante. Planteamos dos territorios míticos. El campo, bien campo con personajes gauchescos. Y la ciudad, donde hay una candidata a diputada, ex jueza, de clase alta, a la que le nace un ombú entre la cocina y el living. Y tiene la tragedia que se le cae la mucama por uno de los huecos y aparece en el campo. Entonces el ombú empieza a hacer una especie de salamanca y, después, un portal donde los personajes pasan más abiertamente.

Absurdo criollo es la tercera obra que hacen con Gabriel Graves. Pero, a diferencia de Tierra partida y Vientre, no se trabaja desde el clown. Rompe con lo anterior…

Absurdo criollo hace una especie de síntesis de algunas preguntas que nos veníamos haciendo desde Patriada, Tierra partida y Vientre sobre la historia y qué es la identidad nacional. En ese sentido, empezamos a pensar cómo tratar el tema. Trabajamos la relación entre el campo y la ciudad. Gabriel empezó a escribir. Luego, convocamos a los actores. Bernardo Forteza, Roxana Berco, Federico Tombetti,  del método y no de la formación del clown. Apostamos a ver que pasa con una obra más de texto. Después la rompimos toda. Le encontramos las locuras, los juegos particulares y nos reímos bastante de las características de los actores. Bernardo es un tipo que maneja bien la palabra y el verso entonces le pusimos todo el verso. Roxana tiene la impronta de haber trabajado en obras trágicas entonces su tono de actuación va por ese lado. Fue una construcción larga.

–  ¿Y para el actor debe estar bueno romper con la barrera y probar otra forma?

Si, son desafíos. La gente que los sigue se sorprende. Incluso para nosotros es un desafío porque la obra va en una línea muy diferente a la que venimos trabajando con Patriada, Tierra partida y Vientre donde los protagonistas son clowns. Acá hay escenas actorales, no solo de payasos.

– ¿Cómo fue conjugar todo eso?

Fue y es complicado. Trabajar con grupos que tienen miradas distintas sobre el teatro hace que tengas charlas para ver si algo funciona o no. Cuesta bastante que eso genere una identidad propia. Pero, al mismo tiempo, como estamos hablando de que la identidad nacional está atravesada por una multiplicidad de vectores, factores,paradojas, estas contradicciones en los modos de encarar el trabajo le suman a la obra.

La obra se presenta los sábados a las 20 en el Teatro El Extranjero (Valentín Gómez 3378)

EC/GF/RG

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