agosto 18, 2019

Pichetto | Audacia macrista, fuga radical, solidez peronista

Pichetto | Audacia macrista, fuga radical, solidez peronista

Por Gabriel Fernández*

En esta ocasión hemos canalizado toda la información a través del aire de la Gráfica. Es tiempo, tras una zona de descanso, de plantearla por escrito. La humedad del ambiente ratifica las posibilidades vitales de esta Pampa: su exceso facilita inferir que tal feracidad se extiende a los más variados espacios humanos.

La gran apuesta del macrismo es la conservación de una parcela del voto cordobés. De allí la designación de Miguel Angel Pichetto: una búsqueda afanosa de atenuar la acelerada caída de Cambiemos a través del resguardo que implica el aparato partidario mediterráneo en manos del gobernador Juan Schiaretti. Dentro del cuadro realmente existente, es una maniobra atinada y audaz.

De allí a que Schiaretti logre re conducir sus apoyos en la elección local rumbo a Octubre, hay un tramo de difícil tránsito: seguramente garantizará la adhesión de la estructura y algunos seguidores directos, pero el resto de los sufragios alcanzados en el distrito se repartirán; según los sondeos que evidencian el malestar social, la mayor parte de ellos recalarán sobre la lista del peronismo.

El PRO desplazó de la candidatura vicepresidencial al radicalismo por motivos bien prácticos: la adhesión de la Convención, sea como fuere y ante cualquier acción política oficial, está garantizada por la misma solidez del acuerdo pre existente con Ernesto Sanz. En tanto, los disidentes internos ya habían resuelto fugar sus votos en otras direcciones; la preeminente en este caso es Roberto Lavagna.

Ningún radical en la fórmula hubiera evitado ambos movimientos. El primer segmento ya dejó en claro que su destino está férreamente asociado a Cambiemos, aunque destruya el mercado interno y endeude al país. El segundo, que observa la pérdida de influencia sobre su clientela –comerciantes, profesionales, empresarios medianos- no está interesado en discutir candidaturas sino en modificar el programa económico para subsistir políticamente.

Así las cosas, tras el anuncio llegaron las interpretaciones. Pocas plantearon lo que precede y varias retomaron la búsqueda de espectacularidad fugaz. Por caso, insistieron en la decisión oficial de encarcelar a Cristina Fernández de Kirchner a través del desafuero. Así como la versión que un año y medio atrás daba cuenta de un inminente corralito y su compañera, la que seis meses después anticipaba un autogolpe, rechazamos la hipótesis.

Llama la atención la ausencia de conocimiento periodístico de la densidad cultural e institucional argentina. Dijimos que la medida financiera no era viable en aquél momento pues a diferencia del 2000, los depósitos estaban mayoritariamente pesificados; señalamos también que la bordaberrización resultaba inviable, entre varios factores, porque el gobierno no contaba con la aquiescencia del Ejército.

Decimos ahora que ha pasado el tiempo de la movida anti CFK porque tres años y medio después la sociedad la ha colocado como la dirigente de mayor volumen político, porque las revelaciones de lo acaecido en Brasil son significativas, porque el escándalo público implicaría una continua retahíla de movilizaciones y porque, en definitiva, impulsaría hasta el paroxismo la adhesión a la fórmula que la ex jefa de Estado comparte con Alberto Fernández.

Es curioso que los periodistas que impulsaron las tres versiones se asienten para su formulación bienintencionada en los deseos de la dirigencia de Cambiemos. Es más: quedan como perspicaces pues señalan “no sabés de lo que son capaces estos tipos ¡son capaces de cualquier cosa!”. Ahí replicamos: pueden anhelar cosas tremendas, desde matar opositores hasta anular las elecciones por 40 años, pero la concreción de tales sueños sólo es posible si es posible.

Los deseos se realizan cuando se tiene el poder para plasmarlos. El análisis político no puede basarse en las ganas de un dirigente sino en el cuadro de situación completo que facilitaría el despliegue de una acción determinada. El panorama de comienzos del 2016, con bolsos, cámaras, cháchara, jueces y beneplácito de una región imponente de la sociedad, se ha desdibujado. La crisis autoinducida, el industricidio y el saqueo del bolsillo popular han modificado la relación de fuerzas.

En esta Pampa (muy) húmeda de la que hablábamos al comienzo, es absurdo y reiterativo regar las canchas antes de los cotejos; llegará el día en que los mismos deban suspenderse por anegamiento sin que la lluvia haga su aparición.

Finalmente, una venganza: es justo indicar que los esfuerzos de quienes bregaron con intensidad merecedora de mejores causas por la recuperación de Pichetto para el Proyecto nacional y popular han sido burlados por el mismo beneficiario de tal empeño. Si un equipo resuelve efectuar concesiones extremas para conseguir refuerzos, su cuerpo técnico debería garantizar que los mismos hagan la diferencia y eleven el volumen de juego.

Aquí no se ha perdido ninguna estrella; en este cierre apresurado del libro de pases, se ha facilitado la libertad de acción de un tronco que, como sucede con su especie, sólo sabe flotar.

Qué paradoja: lo que es bueno para algunos, también puede serlo, oblicuamente, para otros.

(*) Área Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal.

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