agosto 23, 2019

Leliqs | No hay puente, tampoco río. Hay un desierto

Leliqs | No hay puente, tampoco río. Hay un desierto

Por Gabriel Fernández *

 

Al hacer uso de palabras que circulan entre los expertos, la discusión económica se difumina. Entonces, tras mencionar “Lelics”, pasan por buenas observaciones disparatadas como señalar que si se acrecienta el impulso a la inversión productiva se hará crecer el déficit fiscal. Los dislates conceptuales más importantes se han desplegado por estas horas, desde los medios de comunicación concentrados y los economistas liberales, con el sencillo objetivo de sostener la transferencia de recursos de la economía productiva hacia la renta y la fuga.

La correcta observación de Alberto Fernández evidenció que el esquema de poder financiero y comunicacional hoy articulado en la política gubernamental no está dispuesto a ceder un tranco de pollo de La Anónima a favor de la industria nacional. Hay empresarios, sin embargo, que pese a recibir en el rostro el anuncio de continuidad, andan por ahí paveando: se dejan llevar por las críticas a la “emisión”, al crecimiento del “gasto público” y hacen votos para desplegar la reformulación de los derechos laborales que sostienen a sus compradores.

De qué estamos hablando, en realidad. La acción oficial ha llevado las tasas de interés a la cúspide mundial (alrededor del 70 por ciento), desalentando cualquier intento de inversión productiva y eliminando el crédito concreto. Ya no hay financiamiento ni perspectivas de beneficios para quien aborde la fabricación de bienes de producción y consumo. La deuda generada en las Lelics asciende a 1,2 billones de pesos. Tanto que no se puede calcular de cabeza. Encarna el 40 por ciento de las reservas nacionales –esas, las que defendían Redrado y La Nación, ¿recuerda lector?- y el 85 por ciento de la base monetaria.

Ese adeudo pegó un salto el año reciente, durante el empeoramiento de la economía macrista que los medios han denominado mejoramiento: creció un 584 por ciento. Es ostensible que existen beneficiarios de semejante volumen. Adivine el lector quiénes son y cuál es su relación con el gabinete nacional que sigue haciendo campaña en base a la declamación de honradez. De allí que los grandes mentirosos de la noticia y sus especialistas –incluido el payaso de Milei, para asombro de quienes conservan una parte del cerebro- pongan el grito en el cielo, aterrados ante los comentarios del candidato del Frente de Todos.

Pero ¿qué sugirió en la práctica el simpático hincha de Argentinos Juniors? Lo explicó con transparencia Arnaldo Bocco, que conoce el paño porque estuvo al frente de las dos instituciones financieras más importantes del país: nada, que hay que bajar las tasas para impulsar la producción, y ello llevaría el dólar a una cotización competitiva que evitaría la andanada importadora. En suma, lo mismo que planteó el mismo hombre en su momento, junto a Eduardo Duhalde, Roberto Lavagna y Néstor Kirchner para sacar al país del infierno en que lo habían sumido aquellas políticas oligárquicas que preludiaron las observadas en la actualidad.

Lo que rige aquí es el hipermonetarismo; los argentinos conocimos su filosofía a través de una promoción televisiva de 1977, en la cual una compañía financiera invitaba a los “inversores” a dejar el dinero en sus escritorios; enseguida, sonaba una acelerada música de violín y ¡la plata surgía de la nada armando un gran fajo de billetes! Imaginen el impacto sobre quienes tenían pensado montar una fábrica, un taller, un espacio productivo con todo lo que ello implica. Pero hubo firmas que se animaron a presentar un aviso así … y muchas personas que creyeron en su mensaje: “el dinero surge del dinero, no del trabajo”.

En el medio de todo esto, stranger things: el gobierno macrista, que a través de los pasos señalados derrumbó la industria nacional, incluida la de la construcción, despliega propaganda con celulares enfocando calles e “informando” que ha realizado más de una gran obra por día. Se percibe a todas luces que tal cosa sería imposible aún cuando los 45 millones de argentinos nos dedicáramos únicamente a la albañilería. En la cumbre del estilo Cualquier Cosa inaugurado por Héctor Magnetto –no por Durán Barba, que es un discípulo- Juntos por el Cambio resolvió:  “digamos que hacemos lo que no hacemos y es como si lo hiciéramos”.

Así, el tramo preelectoral rumbo a las PASO está compuesto por una vertiente que dice lo que sea total no necesita corroborarlo en la realidad y otra que intenta razonar al proponer medidas muy básicas, demasiado esenciales, para “encender” la economía. Es posible indicar, a dos semanas del lanzamiento de las publicidades para la contienda, que todo lo afirmado por el oficialismo es mentira; y es posible indicarlo sin recurrir a ninguna carga ideológica ni a forzamiento alguno de la realidad visible.

Como en los cuentos quizás graciosos pero sobre todo racistas que apasionan a tantos europeos, se le dice a los polacos:

-Vean, allí hicimos un puente.

Los polacos miran y sólo observan un desierto. Lo comentan.

-No sólo hay un puente, les responden. Es el puente que ayuda a cruzar el río.

Los polacos escuchan con atención la descripción planteada por los “otros” europeos. Los que saben. Así que admiten la idea, y ¡se ponen a pescar!

Bueno, para el gobierno y sus realizadores de campaña, los argentinos somos los polacos del cuento. Esperan la prolongación del gobierno macrista a través del voto y así poder seguir avanzando en la construcción de un desierto que si se lo enfoca bien, está lleno de cosas.

(*) Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal.

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